3.1. Rigidez cambiaria, dependencia de flujos de capital y desequilibrios reales
La contrastación entre los postulados teóricos de la fijación cambiaria y la evidencia empírica permite comprender los límites de los esquemas de convertibilidad. Por un lado, la experiencia histórica argentina demuestra que la adopción de una paridad rígida genera una apreciación cambiaria persistente, una profunda dolarización del sistema financiero y una marcada dependencia hacia los flujos de capital externo para sostener el equilibrio macroeconómico (doaj-6e2d38895e2545368ad67f577bc273c7). Esta dinámica no solo compromete la sostenibilidad externa del régimen, sino que también traslada la carga del ajuste hacia el mercado laboral mediante el incremento del desempleo y el deterioro distributivo. Por otro lado, al analizar la persistencia de la dolarización no oficial en las economías en desarrollo, diversas perspectivas teóricas debaten el papel del régimen monetario frente a la credibilidad estatal. Frente a las posturas que atribuyen la dolarización al marco cambiario seleccionado, se argumenta que dicho arreglo resulta insignificante frente al problema de la miopía gubernamental y la falta de fe en la moneda doméstica (crossref-10-2139-ssrn-426120). En concordancia con esta perspectiva, la calidad de las políticas gubernamentales constituye el factor determinante para reducir la dolarización bancaria, mientras que la sola elección del régimen cambiario carece de incidencia directa en la reversión de dicha vulnerabilidad (crossref-10-2139-ssrn-305497). De este modo, la articulación entre la vulnerabilidad externa generada por la rigidez cambiaria y la desconfianza institucional confirma que la estabilidad monetaria no depende exclusivamente del anclaje cambiario formal, sino de la solvencia y la calidad de las instituciones estatales encargadas de diseñar las políticas públicas.