3.1. Vulnerabilidades interseccionales y violencia de género en los campus
La comprensión del impacto de la violencia en el bienestar psicológico universitario requiere examinar cómo confluyen las estructuras de género y los factores de vulnerabilidad individual. Los modelos explicativos destacan que las alteraciones en la salud mental no operan únicamente como secuelas directas de agresiones vividas, sino también como elementos que interactúan con construcciones socioculturales de la masculinidad y normas de conducta en los campus [1]. En este sentido, la victimización por agresión sexual y violencia interpersonal genera efectos acumulativos que profundizan cuadros de ansiedad, aislamiento y sintomatología traumática en los estudiantes. Asimismo, el análisis interseccional evidencia que la exposición al daño emocional se intensifica cuando convergen múltiples formas de discriminación, tales como el racismo estructural y la marginación por identidad de género [2], [4]. La falta de servicios culturalmente adaptados y de protocolos sensibles al trauma profundiza las barreras para solicitar auxilio institucional, perpetuando estados de desprotección y deterioro afectivo. Por consiguiente, la conexión entre el marco conceptual y el diagnóstico situacional demuestra que la intervención no puede limitarse a respuestas punitivas aisladas; es indispensable reconfigurar los dispositivos de salud mental universitaria para atender integralmente los determinantes comunitarios y las desigualdades que sostienen la violencia en el ámbito académico.