2.2. Tensiones interactorales: comunidades originarias, crianceros y empresas operadoras
La expansión de los hidrocarburos no convencionales en la cuenca neuquina evidencia cómo la lógica de acumulación extractivista reconfigura las relaciones territoriales y profundiza las asimetrías de poder entre las corporaciones energéticas, el Estado y las poblaciones locales. En el departamento de Añelo, la intensificación de las operaciones extractivas no solo promueve una inserción laboral restringida a la dinámica del enclave, sino que genera tensiones estructurales con comunidades indígenas mapuche y crianceros tradicionales. Tal como se advierte en el análisis sobre las disputas socioterritoriales en la región, la violencia sobre el espacio intervenido adopta un carácter complejo y multidimensional que superpone dimensiones directas, estructurales, ecológicas, epistémicas y mercantiles en los procesos de negociación y confrontación comunitaria (crossref-10-1177-0094582x20975009). Esta confrontación adquiere visibilidad institucional mediante la criminalización de las demandas territoriales frente al avance de los proyectos de fracturación hidráulica. En el caso de la comunidad Campo Maripe, situada en el centro geográfico de la explotación hidrocarburífera, la defensa de sus tierras ancestrales frente a las empresas y las instancias estatales derivó en procesos judiciales donde sus integrantes fueron acusados formalmente de usurpación (crossref-10-22201-iia-24486221e-2021-76635). De este modo, las estrategias del capital y del aparato estatal recurren a dispositivos jurídicos y represivos para deslegitimar los reclamos colectivos y garantizar la continuidad operativa de la frontera energética. La resistencia comunitaria expone visiones ontológicas antagónicas respecto del territorio y la naturaleza, demostrando que la promesa de desarrollo y empleo local encubre la desposesión sistemática de los bienes comunes y la subordinación de las formas de vida tradicionales a las exigencias del mercado global de hidrocarburos.